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I Ching: el Libro de los Cambios

La tradición china posee dos aspectos, uno esotérico llamado taoísmo y otro exotérico, conocido como confucianismo. Ambas doctrinas tienen como fuente común el I Ching (se pronuncia Yii Ying), el Libro de los Cambios, por lo que podemos decir que es la esencia de la sabiduría china. El texto básico se atribuye al rey Wen (1150 a.C.) y a su hijo el duque Chou; el comentario, que ocupa la mitad del texto actual, se debe a Confucio (551-479 a.C.) y sus discípulos. La parte medular del texto básico está compuesta por 64 hexagramas o trazos de seis líneas, las cuales resumen todo proceso cósmico, desde el origen del universo y los seres vivos, hasta el desarrollo de las instituciones y las actividades humanas. Por la misma razón, el I Ching permite anteceder el desarrollo de dichas actividades, es decir, puede ser utilizado como una mancia, una técnica de adivinación. Por ello, tanto en China como en Japón, Corea y Vietnam, el Libro de los Cambios se ha utilizado desde la más remota antigüedad hasta el presente. Por ejemplo, en Japón, hasta la reforma Meiji (1867), las tácticas militares se basaban en un esquema derivado del I Ching. Incluso Mao Tse Tung y sus generales, en pleno siglo XX, planearon sus campañas militares siguiendo el Libro de los Cambios.


Un diagrama del universo y sus leyes

Los 64 hexagramas que contienen el I Ching pueden ser yin, líneas cortadas ( ) o yang, continuas (——). Yin y yang son los pares de opuestos que están presentes en toda la manifestación universal. Yin es terrestre, pasivo, negativo, femenino, flexible, débil y oscuro; yang es celeste, activo, positivo, masculino, duro, fuerte y luminoso. Ambos proceden de un principio supremo llamado Tao, el Camino o la Vía, que es el Absoluto contemplado como proceso y cambio continuos. A su vez, el Tao procede de Tai Chi o Ello Mismo Absoluto, que es el Absoluto Inmutable o considerado en sí mismo. Tao y Tai Chi no son diferentes, sino el único Absoluto visto bajo diferente aspecto. Es de destacar que, a diferencia de otras tradiciones donde el Absoluto es concebido como algo inmóvil y eterno, en la tradición china se enfatiza el cambio como significado de la vida y elemento de estabilidad, pues “lo único que no cambia es el propio cambio”.

El cambio tiene leyes de transformación y el I Ching establece 64 fases mediante las cuales el universo entero, a todos los niveles, desde el macrocósmico hasta el microcósmico, incluyendo el ser o el estado de la existencia más modesto, llega a ser algo inherente a su propia naturaleza. También establece las leyes de periodicidad, es decir, el ciclo que sigue el cambio, el cual es evidente en el movimiento de los cuerpos celestes, así como en el transcurrir de las estaciones y las horas del día.

El cambio va del Uno (el Tao) al dos (el yin y el yang), del dos al ocho (los trigramas) y del ocho al 64 (los hexagramas). Ya dijimos que las líneas pueden ser cortadas o yin y continuas o yang. De su combinación se derivan en primer lugar los ocho trigramas, los cuales fueron descubiertos, según la tradición, por el emperador Fu Shi (2852-2738 a.C.), el primer soberano chino, quien los contempló en el caparazón de una tortuga, símbolo del Cielo y la Tierra. Los trigramas representan diversos aspectos de la naturaleza (Tierra, Montaña, Trueno, Agua, Viento, Fuego, Lago, Cielo), los cuales se relacionan con los elementos, las estaciones, los meses, las horas y muchas cosas más. El trigrama Chien (Cielo), compuesto por tres líneas continuas, representa el principio yang y es supremamente activo; Kun (Tierra), compuesto por tres líneas cortadas, representa el principio yin y es supremamente pasivo. Juntos representan los pares de opuestos, el Padre y la Madre del universo fenoménico; los otros seis trigramas son sus hijos (mayor, mediano y menor) e hijas (mayor, mediana y menor). Cada hexagrama contiene dos trigramas, de acuerdo con el grado de armonía o desarmonía entre ellos, el hexagrama simbolizará algo agradable y afortunado o lo contrario.


Una herramienta de la conciencia

Para la tradición china los acontecimientos futuros están contenidos en el cambio a manera de semillas, pero no son perceptibles por los sentidos pues se encuentran en estado de potencialidad y no han llegado a ser actos. Quienes conocen las semillas y las leyes de la transformación son los dueños de su propio destino. Y eso se logra precisamente con ayuda del Libro de los Cambios. Adaptándonos a la necesidad de avanzar, permanecer quietos o retirarnos, así como aceptando la ganancia o la pérdida en su momento correcto, nos convertimos en dueños de nuestras vidas. Eso es lo que el I Ching nos enseña: la previsión y el control de los acontecimientos futuros, tomando en cuenta que el futuro no es algo inalterable sino que depende en último término de la conciencia.

El Libro de los Cambios combina intuición y experiencia con un método lógico de aplicación a una situación dada, lo que nos permite utilizar nuestra razón como contrapeso de un acercamiento meramente emocional o ilusorio, proporcionándonos al mismo tiempo libertad y responsabilidad sobre nuestras decisiones. El I Ching no determina el futuro, sino presenta a la conciencia las semillas o las tendencias presentes, pero escondidas, con la posibilidad de elegir el mejor curso de acción según las circunstancias. El consultante, en vez de oponerse a las fuerzas actuantes exteriores e interiores, debe convertirlas en aliadas para crear su futuro, de la misma manera que un marinero hábil no puede controlar el viento ni las corrientes de agua, pero puede utilizarlas a su favor para conducir su embarcación. Hay que advertir que el Libro de los Cambios brinda un consejo general en situaciones importantes de la vida, por lo que sólo en esas circunstancias se justifica su uso.


Conocer el presente y el futuro

Los detalles del futuro no son presentados como inalterables, sino como susceptibles de seguir tendencias generales. El I Ching presenta no lo que sucederá sino lo que debería hacerse respecto a un acontecimiento.

La correcta interpretación de el Libro de los Cambios requiere de un estado mental particular. Para utilizarlo convenientemente es necesario una actitud de reverencia y respeto, considerar que su lenguaje debe adaptarse a la situación presente, relacionar la respuesta con la pregunta planteada y tomar en cuenta que predice acontecimientos pero no fija la fecha de ellos, por lo que es aconsejable preguntar qué sucederá a una persona o proyecto en un periodo determinado, por ejemplo, tres meses o un año.

Hay que advertir que el I Ching está más dirigido al modo de alcanzar la satisfacción interna y la armonía con lo externo, que ayudarnos a alcanzar el éxito mundano, especialmente si afecta a otros o a nosotros mismos. Los sabios chinos dicen que formular preguntas egoístas o frívolas disminuye el ling, la capacidad de interpretar respuestas del consultante. Si creemos que el Libro de los Cambios es una mancia limitada comparada con el tarot o la astrología, nos asombrará saber que puede suministrar 4,096 respuestas posibles a nuestras preguntas.


Conceptos importantes

El I Ching presenta un modelo a seguir, el Chuntzu u Hombre Superior. Autocontrolado, autosuficiente, libre, sereno ante las fuerzas que agitan a los hombres inferiores como marionetas, indiferente a la ganancia o la pérdida, compasivo y paciente, el Chuntzu goza de los placeres, pero es capaz de enfrentarse al dolor y a la muerte sin quejarse. El Hombre Superior vive en armonía con las leyes del Cielo y de la Tierra, busca la compañía de los sabios y evita la de los indignos, corrige sus propias fallas, es tolerante, generoso, modesto y, sobre todo, actúa con vigor cuando es necesario y evita la acción cuando debe dejar fluir las cosas, es decir, sabe cuándo no debe actuar.

Otro concepto importante dentro del Libro de los Cambios es te, palabra que para el taoísmo tiene un sentido de funcionamiento del Tao en un individuo y para el confucionismo el de virtud moral y poder. Uno más es chih, la voluntad, la cual puede ser la del Cielo, la del soberano o la del Chuntzu, por lo tanto la voluntad del propio consultante, pues como dijimos el Hombre Superior debe ser el modelo de nuestra conducta. No debemos dejar de mencionar shun, una de las palabras más frecuentes en el I Ching, que significa la aceptación pacífica y alegre del pasado, el presente y el futuro.

Por cierto que mucho del lenguaje del Libro de los Cambios parece dirigirse a la administración del gobierno e incluso a los asuntos militares. Cuando una pregunta no relacionada con estos asuntos es respondida en dichos términos, simplemente hay que adecuarla a la situación de nuestro interés. Por ejemplo, el “gobernante” puede ser el director de una empresa, el “ministro” un subdirector o gerente y el “reino” la propia empresa. Así, los “rebeldes” no son tanto los enemigos del “gobernante”, sino individuos que tratan de navegar contra la corriente de las circunstancias y destruir la armonía.


Método de adivinación

Dado que usar varillas de milenrama es un método más complejo, describiremos el método con tres monedas. De preferencia las monedas deben ser chinas (redondas con un agujero cuadrado al centro), aunque se puede utilizar moneda corriente de cualquier país, considerando el lado donde indica el valor como el lado yang. Cuando no se use, el I Ching y las monedas deben conservarse envueltos en seda o tela en un anaquel suficientemente alto, más arriba de la altura de los hombros de un hombre de pie. Cuando va a utilizar el Libro de los Cambios, el consultante debe lavarse las manos y extender la tela sobre la mesa, la cual debe estar idealmente al centro de la habitación y hacia el sur. Frente al libro o más al sur, debe disponerse un incensario y el receptáculo de las monedas. A un lado se colocan papel y lápiz. El consultante debe mirar hacia el norte. Es conveniente llevar a cabo una meditación silenciosa para que la mente se apacigüe. A continuación el consultante lleva a cabo tres postraciones, enciende un incienso, toma las monedas y con la mano derecha las ahúma sobre el incienso en el sentido de las manecillas del reloj. Al mismo tiempo, formula la pregunta mental u oralmente, tratando que su mente se concentre únicamente en ella. Como recomendamos anteriormente, si es posible, la pregunta debe contener un límite de tiempo, por ejemplo, qué sucederá en tal situación en los próximos tres meses. Las monedas se colocan juntas en las manos cerradas, se agitan y se dejan caer simultáneamente. Si las tres monedas presentan el lado del valor, equivalen a una línea yang fuerte. Si las tres presentan el lado contrario, corresponden a una línea yin fuerte. En el caso de que sean dos caras yang y una yin, se considera una línea yang débil; cuando son dos caras yin y una yang, equivalen a una línea yin débil. El resultado de la primera tirada indica la primera línea de abajo hacia arriba, el cual se traza en el papel y así hasta reunir las seis líneas que componen un hexagrama.

Sea que la pregunta se formule para uno mismo o para otra persona, se deben evitar preguntas al estilo “sucederá esto o lo otro”. Lo ideal sería: “¿Es aconsejable seguir con tal proyecto?” “Si se produce esto, ¿cuál será el resultado?” “¿Qué sucederá a tal persona o proyecto durante tal tiempo?” “¿Qué impide el desarrollo de este proyecto?”

El éxito de la interpretación depende de la práctica y del talento o intuición de la persona. Pero debe ser objetiva y no estar coloreada por deseos egoístas. Las respuestas del I Ching serán suficientemente claras si tomamos en cuenta el significado de ciertas expresiones como las siguientes: “No habrá error o condena”: si los resultados no son los deseados, se debe a circunstancias más allá de nuestro control. “Nada produce ventaja”: debemos desistir. “Vergüenza”: desgracia. “Lamentar”: nuestros problemas se deben a nuestra conducta o falta de previsión.

Después de escribir la interpretación y si no hay más preguntas, el consultante debe encender otra varita de incienso y despedirse con tres postraciones. Por último se guardan las monedas y el Libro de los Cambios dentro del paño de seda, en el anaquel acostumbrado.

 

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