Kalki, el décimo avatar de Vishnú

De acuerdo con el Kalki Purana

André Préau

Traducido por Enrique Rojas G.


Kalki, el décimo y último avatara de Vishnú dentro del presente manvantara, es mencionado en una serie de textos tradicionales hindúes pertenecientes a la clase de textos designados con el nombre de Smriti, particularmente en el Mahabharata y en el Bhavishya Purana. Kalki es el sacerdote-guerrero que debe, al final del Kali yuga, aniquilar a los perversos, manifestar de nuevo la Tradición en su integridad y abrir una nueva Edad de Oro. Su papel es pues comparable al del Pez (Matsya), el primer avatara de Vishnú; es el mismo que san Juan, en el Apocalipsis, asigna a Cristo cuando su segunda venida.

No recordaremos aquí sobre la cuestión de los avataras de Vishnú, que es bastante conocida, al menos en sus grandes líneas; por la misma razón tampoco hablaremos de las condiciones del mundo al final del Kali yuga.

La vida y la actividad del “Mesías futuro” está descrita en el Kalki Purana, texto que no ha sido traducido hasta el momento, pero del cual el profesor Emil Abegg, de Zurich, ha dado un análisis detallado en una obra bien documentada, titulada El mesianismo en India y el Irán, publicada en 1928. De esta obra hemos tomado prestado la mayor parte de las referencias que siguen.

El Kalki Purana no es uno de los 18 grandes Puranas, sino un Purana secundario (Upapurana), identificado quizá con el Bhavishya Purana o con el Bhagavata Upapurana. Se presenta a sí mismo como un suplemento del Bhagavata Purana. De cualquier manera, lo importante es destacar que las indicaciones sobre la vida futura de Kalki que son ofrecidas en estos textos y en particular en el Kalki Purana no pueden ser consideradas, hablando propiamente, como “profecías”. El carácter simbólico de ciertos textos es, por otra parte, un hecho evidente.

El nombre mismo de Kalki o Kalkii (las dos formas se encuentran) es por demás curioso, ya que kalka en sánscrito significa “ensuciar”, “manchar”. En el nombre de Kalki, Abegg ve simplemente una denominación por antítesis, por lo que, de acuerdo con el Kalki Purana, Kalki significa “aquel que hace desaparecer la suciedad del mundo” y Kalki es a veces calificado de kalkavinashana o “destructor de la mancha”.


I. Nacimiento y juventud de Kalki

Hacia el final del Kali yuga los dioses, privados de sacrificios, se lamentan ante Brahma del desorden creciente en el que el mundo se encuentra sumergido como consecuencia de la acción de Kali, hijo de Krodha (la cólera) y de Himsa (la acción nociva). Brahma llega ante Vishnú, quien le anuncia su próximo descenso sobre la Tierra y la destrucción de Kali. Apenas los dioses regresan a sus respectivas moradas celestiales que Vishnú se dispone a cumplir su promesa. Desciende en el seno de Sumati por intermedio de su marido, el brahmán Vishnuyashas (“gloria de Vishnú”).1 El duodécimo día de la quincena luminosa del mes Madhava2, nace bajo la forma de divinidad de cuatro brazos, forma que abandona casi enseguida, a la orden de Brahma, para asumir una forma puramente humana.

Kalki nace en la ciudad que habitan sus padres, llamada Shambhala (o Shambhalagrama)3. Los tibetanos, por su parte, esperan también un Mesías guerrero que debe venir de Chambala o más exactamente de Tchang Chambala (“Chambala del norte”), circunstancia que tiende a hacer identificar este Mesías con Kalki4. Se dice, señala Grünwedel, que el calendario tibetano proviene de Zambhala y lo mismo una doctrina tibetana bastante reciente, la de la escuela Kalachakra (“rueda del tiempo”).5 Los príncipes de Zambhala portan el título de Kulika, nombre que recuerda a Kalki, sobre todo cuando está escrito en caracteres nagaris; es uno de estos Kulikas, llamado Suchandra, quien recibió directamente de Buda la doctrina Kalachakra. Los textos de esta escuela, agrega Grünwedel, son, al menos en cuanto a su aspecto exterior, “completamente vishnuitas” y los avataras de Vishnú, en especial Kalki, son allí expresamente mencionados. Uno ve como en Oriente todas las doctrinas se interpenetran y combinan, siendo difícil establecer entre ellas distinciones tajantes.

Kalki tiene tres hermanos mayores, Kavi, Prajña y Sumantu, que son avataras parciales de Vishnú, como sucedió anteriormente con los tres hermanos de Ramachandra (Lakshmana, Bharata y Shatrughna).

Poco después el padre de Kalki prepara la ceremonia de “otorgamiento de nombre” (namakarana). En eso se presentan cuatro personajes célebres: Rama (probablemente Parashu-Rama6, el sexto avatara de Vishnú), Vyasa (el autor del Veda), el héroe Kripa (uno de los siete chirajivis) y Drauni (descendiente del héroe Drona). Se inclinan ante el niño, le dan el nombre de Kalki, ejecutan los ritos de la ceremonia y regresan a las regiones misteriosas de donde proceden. Parashu-Rama —quien no es otro que Vishnú, es decir, el Logos— representa aquí la autoridad suprema, fuente común de la autoridad espiritual y del poder temporal7; Vyasa representa la autoridad espiritual o sacerdotal y los dos héroes el poder temporal, de suerte que es difícil de no comparar el homenaje que ellos rinden a Kalki con aquel rendido, en circunstancias análogas, por los tres Reyes Magos al Niño Jesús8.

Al llegar a la edad prescrita, Kalki recibe la iniciación brahmánica (upanayana) y se convierte en brahmachari [estudiante célibe]. Aquí tiene lugar otro episodio destacado de su vida. Se dice que Parashu-Rama no está muerto, sino retirado sobre la montaña Mahendra, donde se entregó a la ascesis. Ahora bien, Parashu-Rama aparece ante Kalki y se revela como su gurú. Bajo su dirección, Kalki estudia el Veda y, cuando su instrucción ha terminado, Parashu-Rama le expone brevemente su destino futuro y le pide, como precio de su enseñanza, el cumplir fielmente el papel que le ha sido asignado y restablecer el dharma sobre la Tierra. Kalki llegará a ser el primer instructor del futuro manvantara; la enseñanza que recibe por parte de Parashu-Rama tiene un interés particular, pues marca la continuidad de la enseñanza tradicional de un manvantara al otro9. Nosotros recordamos por otra parte un relato semejante en los textos budistas concernientes a Maitreya, el “Buda futuro”. Enseguida de su iluminación, Maitreya se dirige hacia el monte Kukkutapadagiri (también llamado Gurupadaka), donde reside Kashyapa, el célebre discípulo de Shakyamuni. La montaña se abre ante él y recibe de Kashyapa una vestidura artesonada de oro, que el mismo Shakyamuni había recibido de su madre adoptiva Mahaprajapati y que había confiado, en el momento de su muerte, a Kashyapa para que a su vez se la diera a Maitreya. Es de destacar que la vestidura es un símbolo natural de la manifestación, del “cosmos”, que es, para emplear las conocidas palabras de Goethe, la “vestidura viviente de la Divinidad”10. Por consiguiente, es usada para simbolizar el conjunto de las ciencias tradicionales, que no son en el fondo más que una imagen del cosmos y que, si se les considera en su expresión formal, pueden ser consideradas como los ropajes de la verdad. Por otra parte, el Maitreya Smiti y un texto del Tripitaka traducido al chino por Dharmaraksha, precisan que Kashyapa no ha muerto, sino que espera, sumergido en meditación, la llegada de Maitreya; de acuerdo con el texto chino, Kashyapa es uno de los cuatro discípulos eminentes de Buda que —habiendo alcanzado el estado de arhat— permanece con vida hasta el fin del mundo. Solamente después de la misión que le fue confiada por el Buda Shakyamuni, Kashyapa “entrará en el paranirvana”, es decir, morirá. Es imposible, al leer estos textos, no recordar la parábola que Cristo dijo a Pedro con relación al “discípulo amado”: “Si quiero que él espere hasta que yo regrese, ¿a ti que te importa?” Se dice, por otra parte, conforme a una tradición recogida por san Jerónimo, san Ambrosio y san Agustín, que san Juan no ha muerto sino “ha descendido vivo a la tumba”, donde duerme hasta la resurrección11.

Después de haber recibido las últimas instrucciones de Parashu-Rama, Kalki dirige una oración a Shiva, quien le obsequia un caballo alado (garuda ashva), un papagayo omnisciente y una espada luminosa adornada con joyas.

El caballo de Kalki es blanco y su importancia simbólica es tal que a veces es identificado con el propio Kalki. Los artistas hindúes nos muestran, tanto a Kalki con su caballo como al caballo solo. Ciertos escritores, sabios o viajeros, han relatado que, en su décimo avatara, Vishnú deberá encarnar bajo la figura de un caballo; Abegg ha destacado que todas estas referencias proceden del sur de la India y que, en los libros hindúes, Kalki está siempre representado como un caballero y no como un caballo12.

Numerosos autores han relacionado el caballo blanco de Kalki con el que sirve de montura al Caballero del Apocalipsis. Aquí también el caballo blanco está lejos de ser un detalle secundario: esto se deduce del hecho de que es nombrado antes que el propio caballero: “Después yo vi el cielo abierto, y en él apareció un caballo blanco; el que le monta se llama Fiel y Veraz; el que juzga y combate con justicia”. La espada resplandeciente de Kalki recuerda también la “espada afilada” con la que Cristo golpea a sus enemigos y, tal como se dice de éste último que está “vestido con una túnica teñida de sangre”, también se dice que Kalki lleva “una vestidura rojiza”. Por el papel atribuido a uno y a otro personaje celeste, puede decirse que son idénticos. Por último, como se verá más adelante, el reino de Kalki, como el de Cristo, deberá durar “mil años”.

Proveído con los presentes de Shiva, Kalki vuelve a su país, se hace reconocer por el rey Vishakhayupa y recibe de él la dignidad real. Brahmán y kshatriya, Kalki es felizmente aquel que, según la expresión de Guénon, “une en él las potestades del Cielo y la Tierra, manifestando al exterior, a la vez, el dominio del conocimiento y el de la acción, el doble poder sacerdotal y real”13. Kalki “manifiesta al exterior” estos dos poderes; más allá, por su naturaleza divina, él detenta la autoridad suprema de la que proceden los otras dos.

De acuerdo con las indicaciones que recibe de su papagayo, Kalki llega a Ceilán, al pueblo de Karumati, donde se casa con Padma (o Padmavati), la hija del rey Brihadratha. Esta princesa, que le estaba destinada, no había podido encontrar ningún esposo: por el poder de Shiva, todo hombre que se prendaba de ella se transformaba de inmediato en mujer. Los reyes, sus antiguos pretendientes, no formaban más que un conjunto de mujeres con bellas formas. Después de su matrimonio, estos reyes tocan los pies semejantes a lotos de Vishnú y, a su mandato, se bañan en la ribera cercana, donde vuelven a ser hombres. Mientras reciben las enseñanzas de Kalki, el sabio Ananta se presenta y se alegra de poder contemplar a Krishna vuelto sobre la Tierra: “He visto la forma de Aquel que no tiene forma, he tocado los pies de Aquel que no tiene pies; he comprendido las palabras del Ser supremo que está más allá de toda palabra”. Mientras el sabio regresa a su morada, los reyes, iluminados por el discurso que aquel acaba de pronunciar, alcanzan el nirvana.

Kalki no tarda en abandonar Ceilán, acompañado por su esposa y de un ejército numeroso; llega a la orilla de la isla, constata que el mar se ha hecho sólido y lo atraviesa a pie con su ejército. Pronto llega a Shambhala, que encuentra completamente transformada por la destreza de Vishvakarma, el arquitecto de los dioses: con sus cientos de palacios, la ciudad brilla como el sol; uno la toma por Amaravati, la morada de Indra. Kalki vive muchos años en Shambhala, donde Padma le da dos hijos, Jaya y Vijaya. Se prepara para conquistar el mundo y ofrece el gran sacrificio del caballo, el cual no puede ser ofrecido más que por un rey y que produce la satisfacción de los deseos.

Kalki conduce sucesivamente cuatro campañas y libra cuatro grandes batallas: contra el Buda y los budistas [símbolo de la herejía y los herejes], contra la giganta Kuthodari, contra Kali (la oscuridad y el desorden del yuga que acaba) y contra el yogui Shashidvaja.


II. La batalla contra los budistas

Kalki dirige sus ejércitos contra Kikata, la poderosa ciudad de Buda, donde los Vedas y las costumbres sagradas fueron desterradas, donde no se honra a los ancestros, ni a los dioses y donde toda creencia en otro mundo ha desaparecido. Allí se afirma que el cuerpo es el atma y no se conoce nada superior al dinero, las mujeres y los placeres de los sentidos.

En cuanto Jina14 es advertido de la llegada de Kalki, sale a su encuentro con dos grandes ejércitos. La tierra se cubre de elefantes, carros de combate y caballos; por todas partes se ve centellear las armas y flotar los estandartes de los héroes. Jina, montado sobre un toro, se dirige directamente hacia Kalki y le ataca con una destreza y un coraje que llena de admiración a los dioses. Kalki es herido y, rápido como el relámpago, Jina le toma del brazo, pero no logra arrojarlo a tierra; reconoce entonces que su adversario es Vishnú, Aquel que conserva el universo15. El combate continúa con diversas peripecias, hasta que, con un puntapié, Kalki alcanza a su adversario en la cadera y lo derriba. Los budistas, consternados por la pérdida de su jefe y asustados por la cercanía de los innumerables carros de guerra de Kalki, apelan a la ayuda de la madre de Buda, Mayadevi (“diosa Maya”); ante su aspecto los dioses, los demonios, los hombres y toda creatura pierden las fuerzas y se hacen semejantes a estatuas. La Maya es, como se dice, la gran “ilusión cósmica”, es avidya (ignorancia) que hace tomar lo irreal como lo real. Montada sobre un carro de combate y seguida por los budistas, la diosa avanza. Caracterizada por los tres gunas, exhibe sus múltiples formas; está rodeada por un espejismo guerrero y acompañada por chacales y cornejas. Fascinados por su aparición, los guerreros de Kalki se quedan inmóviles, con las armas en la mano. Mas, Kalki presente, la ilusión no puede durar. Él se muestra ante sus compañeros de armas en todo su esplendor y magnificencia divinas y detiene a Maya, cuya belleza iguala a la de Shri16. Maya lo mira, y llena de amor por él, su cuerpo desaparece súbitamente: de la misma manera que el error desaparece cuando se contempla la verdad y que el universo entero, producto de la Maya, vuelve durante el pralaya al seno de Narayana [otro nombre de Vishnú], de quien no se distingue más que de una manera ilusoria.

La partida está perdida para los budistas. Con golpes de espada o acribillándolos con flechas, Kalki les envía en multitud dentro de las moradas del dios de la muerte. La batalla se libra furiosamente. Se forma un río de sangre que arrastra consigo a los guerreros moribundos; en medio de las purpúreas ondas se advierte, entre los caballos que nadan con dificultad, dos elefantes inmóviles y malheridos, semejantes a bancos de arena17.

Entonces aparecen en el campo de batalla, armadas con espadas, arcos y lanzas, las mujeres de los budistas, jóvenes, bellas, fieles a sus maridos, entregadas a la furia por sus muertos y ansiosas de venganza. Kalki se aproxima a ellas y les habla dulcemente: “Mujeres, escúchenme. ¿A qué vienen después de la batalla? Este es un asunto de hombres. ¿Quién podría golpear sus cabezas de rizados cabellos, sus dulces rostros como la luna? Ante sus alargados ojos, brillantes como tiernas azucenas, ¿quién podría combatir?” Mas las mujeres permanecían insensibles a su lenguaje cortés. Aparecen entonces bajo forma humana, las armas damasquinadas de oro de aquellos que acaban de ser muertos. “Reconozcan, dicen a las mujeres, reconozcan a Aquel que nosotras mismas tratamos de herir: es el Atma que llena el universo. Él es nuestro maestro y aquello que Él ordena, nosotros lo ejecutamos. También nosotras hemos surgido de Él para el desarrollo de nombres y formas. Por Su orden se manifiestan los cinco elementos, objetivo de los cinco sentidos. Él es Kalki, el Ser supremo, por cuya voluntad la Substancia primordial (Prakriti) forma el Huevo del Mundo, de donde nacen ahamkara [el ego] y los otros principios de la manifestación. Por Su poder de ilusión (Maya), Él ha puesto en movimiento el proceso cósmico (jagadyatra), que es manifestación, conservación y destrucción. Él es el Primero y el Último”. “Él es mi esposo, dice una de las armas, y yo soy su esposa. Mis hijos y mis padres habitan en Él; semejantes a sueños, ellos fueron creados a través de un espejismo. Aquellos que les creen reales aún están cegados por la ilusión del amor y continúan mirando con curiosidad el vaivén de las cosas del mundo; mas aquellos que veneran a Kalki-Vishnú piensan diferente. ¿Dónde está el tiempo? ¿Dónde está la muerte? ¿Dónde está Yama?18 ¿Dónde están los dioses? Todo es Kalki, el Señor, el Uno que por Maya ha creado muchos. Nosotras las armas somos irreales y no tenemos a nadie contra quien combatir. Dentro del Ser no hay distinción entre el arma y el enemigo. Nosotras no podemos herir ni siquiera a un simple servidor de Kalki, ¿cómo podríamos matar a Hari19, el que protegió a Prahlada contra su padre, el rey de los Daityas?”20

Liberadas de la ilusión del amor, las mujeres se vuelven hacia Kalki como hacia su único refugio. Esta es la enseñanza de los tres yogas: el yoga de la devoción y del amor (bhakti-yoga), el de las obras (karma-yoga) y el del conocimiento (jñana-yoga). Gracias a esta ciencia, las mujeres de los budistas y de los bárbaros obtienen el Bien supremo y alcanzan la morada a la que los propios yoguis llegan con gran dificultad. Después de haberles otorgado la Liberación, Kalki reemprende la batalla, extermina a los budistas y bárbaros y hace resplandecer su gloria sobre todo el país.


III. El combate contra la giganta Kuthodari

Con su primera obra concluida, Kalki deja el país de Kikata y se dirige a un lugar de peregrinaje llamado Chakratirtha, para bañarse en el estanque sagrado. Los ascetas se quejan con él del peligro que representa la giganta Kuthodari, hija del demonio (rakshasa) Nikumbha y madre de Vikanja. Con la cabeza apoyada sobre el Himalaya, los pies sobre el Decán, ella amamanta a Vikanja. Kalki parte con sus ejércitos hacia el Himalaya y ve los elefantes barridos por el aliento monstruoso de la rakshasi. Los leones se han asentado en los pabellones de sus orejas y allí duermen; las gacelas se han refugiado en sus cabellos como en un bosque denso. Kalki se prepara a atacar con una pequeña tropa de jinetes, elefantes y carros de guerra, cuando la giganta se levanta furiosa, abre una boca espantosa e irritada traga carros y elefantes. Los guerreros y el propio Kalki caen dentro de su vientre, cual hormigas devoradas por un oso. Testigos del espectáculo, los dioses y los músicos celestes (gandharvas) dan un grito de terror, los ascetas huyen, los demonios de la noche se regocijan, los grandes rishis rezan oraciones, mientras que los 60 mil valakhilyas21 pronuncian contra la giganta palabras de maldición. Kalki, sin embargo, “se acuerda de sí mismo”. Con las flechas, los vestidos, los escudos y las ruedas de los carros, él enciende un fuego dentro del vientre de la giganta, abre la pared abdominal con su espada y, cual Indra con mil ojos reventando con un tajo fulminante el vientre de Vrita, sale acompañado por sus compañeros armados y montados sobre sus carros. Elefantes, carros de guerra y caballos escapan del cuerpo de la giganta; los guerreros le cortan brazos y piernas y le traspasan el vientre. Pronto la mutilada expira, llenando el cielo y la tierra con su grito y sacudiendo con sus convulsiones las cimas de las montañas. Vikanja, su hijo de cinco años, cae sobre el ejército de Kalki y lo pisotea; blandiendo el arma de Brahma, que Parashu-Rama le había dado22, Kalki lo decapita.

Según este relato, es el fuego encendido con las armas lo que marca el momento decisivo del combate, cambiando su aspecto. Es curioso observar que este mismo motivo simbólico se vuelve a encontrar en Ezequiel, asociado con sucesos que nos parecen idénticos a estos que aparecen en el Purana. “En los últimos días”, Gog y sus tropas invaden Israel “como una tempestad y como una nube”. Mas el Señor Dios rompe el arco en la mano izquierda de Gog y hace caer las flechas de su mano derecha.

“Y saldrán fuera los habitantes de las ciudades de Israel, y darán al fuego y quemarán armas, escudos y pavesas, arcos y flechas, las mazas que llevan en la mano y lanzas, y harán lumbre con ellas durante siete años. No tendrán que traer leña del campo ni cortarla en los montes; harán el fuego con las armas, y expoliarán a sus expoliadores, y depredarán a sus depredadores, dice el Señor, Dios” (Ezequiel 39, 9-10).23

Una vez vencido Gog, los hijos de Israel son reunidos dentro de su patria, sin que nadie sea dejado en tierra extranjera. La Edad de Oro está predicha en estos términos por Ezequiel:

“Yo no les esconderé mi rostro, porqué habré derramado mi espíritu sobre la casa de Israel, dice el Señor, Dios” (39, 29).

De acuerdo con una tradición judía, estos sucesos coincidirán con la venida del Mesías. Gog será el Anticristo y Magog los pueblos amotinados por él en contra de Israel. La interpretación cristiana parece conformarse con esta tradición24.

 Segunda Parte.

1 De acuerdo con la mayor parte de los textos (Vishnu Purana, Agni Purana, Bhavishya Purana, Kalki Purana y la edición de Kumbakonam del Mahabharata), Vishnuyashas es el nombre del padre de Kalki. De acuerdo con el Mahabharata, el Vayu Purana y el Harivamsha, es uno de los nombres del propio Kalki.

2 Según el Bhavishya Purana, Kalki nace a medianoche, el octavo día del mes Margashirsha.

3 El Mahabharata y el Vishnu Purana dicen Sambhalagrama.

4 CFR. Alexandra David-Neel, Viaje de una parisina a Lhassa, p. 271. Abegg identifica el Shambhala de los textos hindúes con Sambhal, ciudad de unos 38 mil habitantes situada al este de Delhi, en el distrito de Moradabad, no lejos de la frontera nepalesa; esta localización acuerda mal con la expresión tibetana “Chambala del norte”.

5 Mitología del budismo en el Tíbet y Mongolia, p. 44 de la traducción francesa. Grünwedel localiza esta Zambhala “sobre el Iaxarte”, que se dice se encuentra en el Turquestán ruso.

6 “Rama del hacha”, también llamado Rama-Jamadagnya, o hijo de Jamadagni. Corta de un tajo la cabeza de su madre culpable y extermina “veintiún veces” a los kshatriyas rebeldes.

7 Cfr. René Guénon, El Rey del mundo, secciones III y IV.

8 San Mateo 2, 1-12. Cfr. René Guénon, op. cit. p. 45.

9 Según el Vayu Purana, el Harivamsha y la edición de Kumbakonam del Mahabharata, Kalki tiene por maestro al célebre rishi Yajñavalkya, uno de los “autores” del Yajur Veda. Mas, que se trate de Parashu-Rama o de Yajñavalkya, la significación simbólica de la instrucción de Kalki es evidentemente la misma.

10 Ver también este asunto en René Guénon, El simbolismo de la cruz, cap. XIV.

11 Notemos que la segunda venida de Cristo coincide con la “primera resurrección”, de la que hablaremos más tarde.

12 Varios textos citan, al contrario, el caballo como uno de los avataras anteriores de Vishnú (ashvavatara). Se trata de un avatara secundario, también llamado Hayagriva (“el de cuello de caballo”) o Hayashirshan (“cabeza de caballo”).

13 Apreciaciones sobre la iniciación, cap. XL.

14 Jina (“vencedor”) es uno de los epítetos de Buda. No se trata de Mahavira, el fundador de la secta de los jainas, que es también designado bajo el nombre de Jina.

15 Abegg recuerda a propósito de esto que Kalki posee los ocho “grandes poderes” (mahasiddhis) de un yogui; particularmente aquel con el que se vuelve más pesado cualquier objeto. La leyenda nos muestra que el mismo “poder” era ejercido por Krishna niño, y más tarde por el Niño Jesús, cargado por el brazo de san Cristóbal.

16 Shri o Lakshmi, la shakti o “esposa” de Vishnú. Es Maya, considerada bajo uno de sus aspectos.

17 Al respecto de la “gran tina de la cólera de Dios”, san Juan escribe “y fue pisada la uva fuera de la ciudad y salió sangre de la tina hasta los frenos de los caballos por espacio de mil seiscientos estadios” (Apocalipsis 14, 20).

18 El dios de la muerte.

19 Uno de los nombres de Vishnú.

20 Alusión al cuarto avatara de Vishnú. Después de haber protegido de diversas maneras a su devoto Prahlada contra las persecuciones de su padre, el demonio Hiranyakashipu, Vishnú salió de una columna, bajo la forma de un ser mitad hombre, mitad león (Nara-simha) y hace pedazos a Hiranyakashipu.

21 Los valakhilyas o balakhilyas, seres celestes “del tamaño de un pulgar”, acompañan el carro del Sol.

22 Abegg hace observar que esta cuestión del regalo de Rama-Jamadagnya no había sido tratada anteriormente en el texto.

23 A primera vista, parece que se trata de las armas abandonadas sobre el campo de batalla por los guerreros de Gog. Se dice, sin embargo, que “los habitantes de las ciudades de Israel”, queman también “las mazas que llevan en la mano” y la mención de las armas que son quemadas “durante siete años”, muestra bien que los dos versículos contienen otra cosa que un simple desarrollo poético.

24 Cfr. Constantin Chauvin, Historia del Anticristo, pp. 41-42. Este autor, antiguo profesor de Sagrada Escritura, refiere, sin reconocerlo, el relato de Ezequiel, en el cual no ve sino una tradición talmúdica dudosa.