artículos y notas esotéricas


Kalki, el décimo avatar de Vishnú

De acuerdo con el Kalki Purana

André Préau

Traducido por Enrique Rojas G.

(Segunda parte)


IV. La reaparición de los sabios

El mismo día de su victoria sobre Kuthodari, Kalki llega a Haridvara1, sobre el Ganges, y pasa allí la noche.

A la mañana siguiente, Kalki ve a su alrededor una multitud de ascetas que han llegado para admirarle y venerarlo: Vamadeva, Vasishtha, Bhrigu, Parashara, Narada, Rama, Kripa, Veda, Angiras y muchos otros. Estos personajes son los antiguos rishis, autores de los Vedas y de los Shastras. Son precedidos por los reyes Manu y Devapi, representantes de la dinastía solar y la dinastía lunar. Por el poder de su ascesis, ambos reyes han permanecido con vida durante los cuatro yugas, habitando en ermitas en los Himalayas. En cuanto a los rishis, no se precisa si han permanecido con vida o si han resucitado, punto que por otra parte, tanto si su enumeración no tuviera más que un carácter simbólico, sería de mediocre importancia: el único obstáculo para la “reaparición” o para la “resurrección” es, en efecto, el paso del ser a otro “mundo” o, para emplear una expresión musulmana, a otro “grado de la Existencia universal”2; la muerte no implica necesariamente este paso, en particular para los seres que siguen el deva-yana [“el camino de los dioses”, la liberación] y que pueden subsistir hasta el pralaya dentro de tal o cual modalidad “sutil” del “mundo” donde ellos viven3. Esta es la razón por la que, por poner un ejemplo, saber si san Juan está o no muerto es una cuestión desprovista de verdad inherente, porque uno no está limitado por las modalidades de la existencia a la sola forma corporal.

A propósito del regreso de los dos reyes y de los rishis, Abegg recuerda la “leyenda” del rey Muchukunda, quien fuera despertado por Krishna; la de Keresaspa (también llamado Karshap o Sama), que de acuerdo con el Bundahishn duerme hasta el fin de los tiempos y se revelará entonces para matar a la serpiente Dahak; la de Yima, cuyo paraíso subterráneo Var4 se abrirá el día de la resurrección, y que se manifestará entonces a la luz del día junto con los hombres de su reino; la del último imán Mahdi, la de Federico Barbarroja y finalmente, la de los tres Tell, que viven ocultos dentro de una caverna debajo del Rütli. Ello hace recordar también los dos “testigos” del Apocalipsis (capítulo 11), en los cuales la mayoría de los Padres de la Iglesia reconocen a Enoc y a Elías vueltos a la Tierra, así como la tradición relativa al apóstol Juan que hemos mencionado anteriormente, y la creencia extendida en la India y el Asia central de una reaparición futura del “Rey del mundo” y de los otros miembros de la organización jerárquica de la cual él es la cabeza. En lo que concierne al relato del Kalki Purana, el sentido es bastante claro: la Tradición no ha desaparecido más que en apariencia durante la “Edad Oscura” y, al comienzo de una nueva Edad de Oro, sus representantes se agruparán alrededor del Enviado divino, que debe restablecer el orden sobre la Tierra y dictar al mundo su ley. Y es de destacar que esta reaparición de los sabios y de los justos es también predicha por el Apocalipsis (20, 4-6): “ Vi tronos y sentáronse en ellos, y fueles dado el poder de juzgar, y vi las almas de los que habían sido degollados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, y cuantos no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido la marca sobre su frente y sobre su mano; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes muertos no vivieron hasta terminados los mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes5 de Dios y de Cristo y reinarán con Él por mil años”.

Ahora bien, ¿de dónde vienen esos rishis, reyes y justos? A esta pregunta, la tradición hindú suministra, nos parece, una respuesta, al indicar que en ciertas “islas” o “continentes” (dvipas), la Edad de Oro dura perpetuamente. No se trata naturalmente de islas o de continentes en el sentido propio del término, más bien de estados pertenecientes a un mismo “grado de la Existencia universal” que el estado corporal; más que ser diferentes de éste último, deben ser clasificados entre las modalidades “sutiles”. Estos estados nos parece que constituyen el “Paraíso terrestre” del cual ciertos Padres de la Iglesia, particularmente san Agustín, dicen que ha sido preservado por el diluvio: esta es la “habitación de Enoc y la tierra de los Santos”, cuya cima “toca la esfera lunar”6. Como Guénon hace destacar, este “Paraíso terrestre”, donde la Edad de Oro dura perpetuamente, no es otra cosa que el “centro del mundo”, que uno puede llamar el punto superior del estado sutil o las primeras “envolturas” de Hiranyagarbha7. Este es, en términos cristianos, aquel reino que “no es de este mundo” y donde los santos y los bienaventurados están unidos a Cristo. Ese es el verdadero centro supremo, el verdadero Agarttha. El centro supremo puede estar o no representado visiblemente “sobre la Tierra”, es decir, en el mundo físico donde nosotros vivimos; mas si es representado, está claro que no puede serlo más que por los hombres que permanecen en contacto directo con él, en otras palabras, que han “realizado” los estados a los cuales corresponde: que estos “hombres trascendentales” vivan como los otros hombres, que estén dotados de longevidad o que sean “resucitados”, no es, evidentemente, nada que pueda acrecentar o disminuir su autoridad.

Después de estas disgresiones, volveremos a nuestro relato.

Kalki ordena a los reyes Manu y Devapi que le acompañen y combatan a su lado; Manu entrará más tarde a la ciudad de Ayodhya (Oudh), sede de la dinastía solar, y Devapi se establecerá en Hastinapura. Ambos aseguran así la continuación de las dinastías que representan, en cuyas capitales nacieron, como se recordará, Rama, hijo de Dasharatha (Ramachandra) y Krishna, respectivamente.

Aún no terminaba de hablar Kalki con los reyes cuando dos carros descienden del cielo. Estos carros son obra de Vishvakarma, el arquitecto de los dioses; dotados de ingenio, se mueven por sí mismos; están hechos de piedras preciosas y brillan como el sol. Kalki invita a Manu y a Devapi a montar sobre estos carros, regalo de Indra. En ese momento cae del cielo una lluvia de flores enviada por los dioses; un viento tibio, refrescado por el agua del Ganges y cargado de oloroso polen, pasa por la asamblea.


V. El retorno del Krita yuga y la derrota de Kali

Portando un bastón de peregrino en la mano, un asceta con ojos de loto se presenta ante Kalki; su cuerpo brilla como el oro ardiente, es un protector de la ley que ha vencido al mundo y que, con un solo soplo de su boca, hace desaparecer multitudes enteras de malvados8; es tan rico en ascesis como el rishi Sanaka. Este asceta es el Krita yuga (Edad de Oro) bajo forma humana, quien ha llegado para contemplar a Kalki. Él expone a éste último la teoría del tiempo y sus divisiones, desde el momento inasible hasta el Día de Brahma, el cual comprende mil cuádruples yugas regidos por catorce Manus que son otras tantas manifestaciones de Vishnú. Después de cien grandes años, Brahma regresa al seno de Vishnú y cuando termina el pralaya, crea el mundo de nuevo. “Entonces aparezco de nuevo ante Ti, yo, el Krita yuga, el que hace prosperar las buenas obras y durante el cual los hombres cumplen las tareas que les son asignadas”9.

El asceta Krita hace así alusión no sólo a la Edad de Oro inaugurada por Kalki y que constituye el primer yuga del futuro manvantara, sino también a la primera Edad de Oro del futuro kalpa. Se trata pues de otro “grado de la Existencia universal”. En el intervalo tiene lugar el Juicio Final (Apocalipsis 20, 11-15) y la “renovación del mundo” mencionada en el Purana. Según la tradición judeo-cristiana, tras la renovación del mundo sigue la Edad de Oro predicha por Isaías y san Juan. Después de anunciar el exterminio de los malvados, Isaías añade:

“Por eso dice el Señor… he aquí que voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva, y ya no se recordará lo pasado ni vendrá más a la mente. Sino que se gozarán en gozo y alegría eterna de lo que voy a crear yo, porque he aquí que voy a crear para Jerusalén alegría, y para su pueblo gozo”. (Isaías 65, 17-18).

El final del capítulo 65 contiene la descripción de esta edad, donde los elegidos “no se afanarán en vano” y donde “el lobo y el cordero pacerán juntos”.

Aunque el texto correspondiente del Apocalipsis es bien conocido, nosotros recordaremos aquí los dos primeros versículos:

“¡Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar no existía ya. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo del lado de Dios, ataviada como una esposa que se engalana para su esposo”. (21, 1-2).

Estas son nuevas correspondencias entre los Puranas y la Biblia, que vienen a añadirse a aquellas que hemos anteriormente mencionado.

Encantado por las palabras de Krita, Kalki decide atacar a Kali en su ciudad Vishasana (“carnicería”). Parte acompañado por ocho ejércitos: el suyo propio, el del rey Vishakhayupa y otros seis comandados por los reyes Manu y Devapi. Sobre su ruta encuentra a Dharma (la ley, el orden), acompañado de sus numerosos hijos con nombres alegóricos (Rita, Prasada, Abhaya, Sukha, etcétera) y de sus mujeres Shraddha, Maitri, Shanti, etcétera. Dharma se queja con Kalki de las persecuciones que sufre por parte de Kali y del demonio Bali10. Kalki le ordena que le acompañe y combata a su lado, y pronto empieza la batalla contra Kali. La lucha es encarnizada y el Purana la describe de una manera muy vívida, aunque la mayor parte de los combatientes portan nombres abstractos (Derecho, Paz, Sin temor, Alegría, Hipocresía, Deseo, Cólera, Miedo, etcétera). Los compañeros de Kalki, entretanto, menos animosos de lo que habían sido frente a los budistas, huyen en parte y escapan así a una destrucción completa. Atacado por Dharma y Krita, Kali es obligado a dejar el asno que le sirve de montura y se refugia dentro de Vishasana, su ciudad, donde las mujeres gobiernan. Finalmente, la ciudad es incendiada y Kali, con los miembros quemados, huye hacia otra región (hacia otro mundo). Kalki, entretanto, es atacado por Koka y Vikoka, los jefes de los demonios danavas11. Derrota a ambos y corta la cabeza de Vikoka. Pero una mirada de Koka cae sobre el hermano muerto y enseguida éste se endereza y se pone de pie. Kalki se apresura a romper el cráneo de Koka, pero una mirada de Vikoka lo resucita a su vez y los dos hermanos, que toman a voluntad formas diversas, atacan a Kalki al mismo tiempo. Este les acribilla con flechas, mas sus heridas se cierran instantáneamente. El guerrero divino se sorprende y comienza a perder ánimo. El caballo blanco patalea y muerde a los dos demonios, le arranca a cada uno un brazo y les asesta formidables golpes con sus pezuñas. Todo es en vano: apenas caen a tierra, los demonios se levantan intactos y reinician el combate. Entonces Brahma se acerca a Kalki y le enseña cómo podrá acabar con los dos demonios. Ellos no pueden ser vencidos por las armas, tiene que golpear a ambos con los puños al mismo tiempo, pues cuando uno de ellos mira a su hermano muerto, le devuelve a la vida. El consejo es ejecutado y pronto los puños de Kali se precipitan como rayos sobre los cráneos de los dos demonios, los cuales caen a tierra, espantando aun a los dioses con su caída. La batalla ha terminado. Gandharvas y apsaras cantan y danzan en el cielo. Una lluvia de flores cae sobre la Tierra. El mundo ha recobrado la paz.


VI. La lucha contra el yogui Shashidvaja

Kalki tiene que librar una batalla más. Y, esta vez, no es contra los malvados, sino contra un justo. Por eso la significación simbólica de esta batalla nos parece bien diferente de aquella de los combates precedentes.

Kalki desea conquistar la ciudad de Bhallata y se adelanta hacia ella con sus ejércitos. Se topa con los guerreros y los elefantes de Shashidvaja12, el señor de la ciudad, quien es un yogui y que ha reconocido que su agresor es Vishnú, el amo de los mundos. Su esposa Sushanta le pregunta si él se atreve a herir a Narayana [“el refugio de los hombres”, otro nombre de Vishnú], el bien amado, el ordenador interno de todas las cosas. “El deber, responde Sashidvaja, es defenderse en la batalla, aun contra el propio maestro, e incluso cuando ese maestro es Vishnú. Aquel que sobrevive obtiene la dignidad real, aquel que cae es feliz en el cielo. Así, tanto la victoria como la muerte son provechosas al guerrero13. —Felicidad de los dioses y felicidad de los reyes, responde Sushanta, puede ser lo que alcancen los insensatos que buscan los bienes exteriores; mas esos bienes carecen de atractivo para aquellos que adoran los pies de Hari [Vishnú]. ¿Cómo un servidor de Hari, que sabe es uno con Él, podría combatir contra Él? —El Señor, dice Shashidvaja, está por encima de toda dualidad. Si Él desea hacer surgir una dualidad, de manera que Él y Su servidor, que en realidad no son sino uno, se presenten uno frente al otro como dos personas diferentes, yo sigo siendo Su adorador, incluso cuando combato contra Él. Vishnú es a la vez el adorador y el Adorado; la veneración es por sí misma pura ilusión, como todo lo que pertenece al mundo de las apariencias. Esto es por lo que yo y mi ejército aceptamos la batalla. Es posible, sin embargo, adorar al esposo de Kamala14. —Me basta, responde Sushanta, que tu alma pertenezca a Vishnú. Tanto en el otro mundo como en este, hay un camino que conduce hasta Él”.

Una batalla inmensa, semejante a aquella entre los dioses y los demonios, se disputa frente a Bhallata. Una parte del ejército de Kalki se ha dado a la fuga. Los guerreros caen por millares; un río de sangre se esparce sobre la tierra. Shashidvaja se encuentra ante Kalki. Aquel que contiene dentro de sí todos los mundos, está rodeado por un resplandor luminoso que hace palidecer al sol: caballero de piel oscura, con largos brazos, vestido con ropas rojas, espada en mano, la frente adornada por una centelleante diadema, brazos y piernas ornados por joyas de todo tipo. Es Él, Aquel que expulsa la oscuridad de los ojos y del corazón de los hombres, venerado por Dharma y Krita.

“Aproxímate, exclama Shashidvaja, ¡oh Tú cuyos ojos son parecidos a los lotos! ¡Hiere mi corazón o lanza Tus flechas, como una lluvia benéfica, dentro de las tinieblas de mi alma! Aquel que carece de cualidades conoce las cualidades; Aquel que carece de dualidad sabe sin embargo combatir con las armas; Aquel que no tiene deseos tiene un ejército que ayuda a sus victorias y a sus éxitos. ¡Que todos los mundos puedan asistir a nuestro combate!” Enseguida, procedentes de ambos lados, las flechas vuelan a través del espacio. Mas pronto los dos adversarios recurren a las armas celestiales: arma de Brahma contra arma de Brahma, vientos contra montañas, fuego contra relámpagos, nagas contra garudas15. Los cuatro guardianes del mundo son embargados por el terror y creen que el fin de todas las cosas se acerca. Los dioses espantados huyen a través del espacio. Los dos héroes arrojan finalmente sus armas y combaten con los puños. Shashidvaja es alcanzado por un golpe terrible que lo aturde; pero se recobra enseguida y, con sus dos puños, golpea a su adversario, quien cae a tierra inconsciente. Dharma y Krita acuden a salvar a Kalki. Shashidvaja los aprisiona bajo sus brazos, levanta a Kalki y regresa satisfecho a su casa con los tres prisioneros.

Kalki, recobrado el sentido, ve a su alrededor a Sushanta y a sus amigos, quienes recitan alabanzas a Vishnú, y cerca de ellos a Shashidvaja, Krita y Dharma. “Castígame, le dice el yogui, por oponerme a Tu voluntad. —Yo soy, responde Kalki risueño, quien ha sido vencido por ti”. Shashidvaja llama a sus hijos del combate y ruega a Kalki que acepte a su hija Ramaa como esposa. Los guerreros vuelven de la batalla y con una gran fiesta, se celebran las nupcias de Kalki y Ramaa. Shashidvaja deja a su familia al cuidado de Kalki y se va a Haridvara16, sobre el Ganges, para vivir allí en ascetismo. Morirá en una selva, herido por el disco de Vishnú, lo que le permitirá llegar al cielo Vaikuntha [la morada de Vishnú].



VI. La Edad de Oro

Después de la partida de Shashidvaja, Kalki se dirige con su ejército hacia Kanchani (“la dorada”), ciudad defendida por sus murallas inaccesibles y sus serpientes venenosas. Las murallas son derribadas, las armas emponzoñadas destruidas, y la ciudad aparece, cintilante de oro y de piedras preciosas, pero prohibida a los hombres, pues hierve de doncellas-serpientes17. Una voz previene a Kalki que sólo él podrá penetrar en la ciudad. No tarda en encontrar allí una doncella de mirada ponzoñosa, llamada Sulochana (“doncella de bellos ojos”) que le cuenta cómo, maldecida antiguamente por un yaksha18 del cual se había burlado, es condenada a vivir en esta ciudad de serpientes, provocando la muerte de todos los hombres que se acercaran a ella. Mas la mirada de Kalki, dulce como el néctar, ya ha roto el encantamiento y Sulochana vuelve al cielo de los gandharvas sobre un carro deslumbrante.

Uno observa que Sulochana, esta “Kundry hindú”, vagabundea también los alrededores de una ciudad “inaccesible a los hombres” y que recuerda tanto Montsalvat [ciudad que guarda el Grial en el relato de Eshenbach] como la Jerusalén celeste del Apocalipsis.

Kalki distribuye ciudades y territorios a sus amigos, parientes e hijos19, destina al rey Manu a Ayodhya y vuelve a Shambhala, donde vive feliz entre sus esposas Padma y Ramaa20.

El espíritu de los hombres que aún viven es purificado y se abre a la comprensión de la verdad. Estos hombres forman el germen de la humanidad futura. Sus descendientes, dentro de cuya alma domina sattva [conocimiento, luminosidad], vivirán según las reglas del Krita yuga.

El dharma está de nuevo firme sobre sus cuatro pies21 y la perfección de la Edad de Oro se extiende sobre los tres mundos. Por todas partes los dioses caminan sobre la tierra y derraman sus favores. La tierra produce cosechas abundantes. Los hombres son felices, libres de enfermedades, con sus miembros adornados con signos sagrados. La duración de la vida humana, que se había vuelto corta durante el Kali yuga, es de nuevo normal. Brahmanes, kshatriyas [guerreros], vaishyas [comerciantes] y shudras [campesinos] desempeñan con exactitud sus funciones respectivas.

Durante el curso de su reinado de mil años, Kalki recibe la visita de personajes importantes: Narada, hijo de Brahma, el instructor y mensajero de los dioses, acompañado del gandharva Tumburu, y más tarde Parashu-Rama, venido de Mahendra para volver a ver a Kalki y para enseñar a Ramaa los ritos y oraciones que le permitirán dar hijos a su marido.

Cumplidos los mil años, los dioses ruegan a Kalki que regrese al cielo Vaikuntha. Kalki se despide de los suyos y se retira a los Himalayas poblados de rishis. Sobre los bordes del río sagrado, el dios de cuatro brazos entra en éxtasis: portando la joya Kaustubha sobre el pecho, alabado por sus atributos la concha, el disco, la maza, el loto y el arco, rodeado por la multitud innumerable de dioses, funde su ser con el Ser supremo: puro Espíritu anterior a todas las cosas, reuniendo en sí el resplandor de mil soles, Océano de luz ilimitada.

Padma y Ramaa se arrojan dentro de las llamas de la pira fúnebre y se reúnen con Vishnú.

1 Lugar de peregrinaje célebre, existente aún hoy día.

2 Cfr. para el sentido de esta expresión René Guénon, El simbolismo de la cruz, caps. I y XI.

3 Cfr. René Guénon, El hombre y su devenir según el Vedanta, cap. XX.

4 Se reconoce en este nombre la raíz var que significa a la vez “el que oculta” y “el que está oculto”. Cfr. René Guénon, El Rey del mundo, p. 83.

5 Sin duda es inútil recordar que el “sacerdote” es esencialmente el depositario del conocimiento tradicional. Cfr. René Guénon, Autoridad espiritual y poder temporal, cap. II.

6 Cfr. René Guénon, El Rey del mundo, pp. 55 y 56.

7 Si se representa un “grado de la Existencia universal” por un plano horizontal y las diferentes modalidades de dicho grado por circunferencias concéntricas trazadas sobre el mismo plano (cfr. René Guénon, El simbolismo de la cruz, cap. XV), los estados en cuestión serán figurados por el centro mismo del plano y las primeras circunferencias que le rodean.

8 San Juan habla de la misma manera de dos “testigos”: “Si alguno quisiere hacerles daño, saldrá fuego de su boca que devorará a sus enemigos”. Apocalipsis 11, 5.

9 Los hombres son entonces kritakrilyaha.

10 Cuando el quinto avatara de Vishnú, Bali era prácticamente el amo de los tres mundos; pero debió abandonar dicha soberanía ante Vishnú, quien se presentó ante él bajo la forma de un enano (vamana).

11 Koka y Vikoka recuerdan singularmente al Gog y al Magog de la Biblia. Su papel como adversarios principales de Kalki en la batalla parece que les señala como representación del Anticristo y sus aliados (véase la primera parte de este artículo); la similitud de sus nombres sugiere por sí misma una aproximación entre la doble entidad bíblica y los dos demonios del Purana.

12 Como Abegg observa, Shashidvaja significa “aquel que lleva la luna sobre su estandarte”, lo que hace pensar en un musulmán.

13 Esta es la respuesta de Krishna a Arjuna (Bhagavad Gita 2, 37).

14 Uno de los nombres de Lakshmi, la shakti de Vishnú.

15 Los nagas y los garudas son dos seres del estado sutil, enemigos implacables los unos de los otros. Los primeros son simbolizados por las serpientes y los segundos por las águilas. El águila Garuda el “rey de las aves” es, como se sabe, el “vehículo” de Vishnú.

16 Como se señaló en la primera parte de este artículo, es un lugar de peregrinaje que existe aún hoy día.

17 Literalmente “doncellas venenosas” (vishakanyaha).

18 Los yakshas son servidores de Kubera, el dios de la riqueza, y guardianes de tesoros ocultos. Son representados simbólicamente como habitantes del interior de la tierra.

19 Como Abegg hace la observación, Kalki es samraj (rey de reyes) y chakravarti (monarca universal). El Caballero del Apocalipsis es también “Rey de reyes y Señor de señores”.

20 Padma y Ramaa son dos de los nombres de Lakshmi. Ellas convienen por consiguiente como esposas de Kalki, pues son símbolos vivientes de Lakshmi.

21 Durante el Krita yuga, el dharma (orden) es perfecto; tiene cuatro pies, correspondientes a los cuatro puntos de la tirada que corresponde a Krita. Los cuatro yugas llevan los nombres de tiradas de dado. El número de sus “pies”, como su duración y su excelencia relativas, está indicado por la serie de números otorgados a las tiradas de dado, es decir, 4, 3, 2 y 1. Se reconoce la raíz del número tri (tres) dentro del nombre del segundo yuga (Treta) y la del número dvi (dos) dentro del nombre del tercer yuga (Dvapara).